Vengo del cine de ver Max Payne protagonizada por Marc Wahlberg. Esto no es un "critica" como tal. No puede serlo, cuando ha sido visionada por alguien que comprendió el significado de las palabras "dolor" y "venganza" gracias al juego de Rockstar Games. Supieron trasladar el juego más simple a un ambiente de cómic de novela negra, llena de tristeza y destinos inciertos.
A parte del "bullet time" y la acción frenética, el magnetismo del juego radicaba en la desolación de Max. Sentías tanta pena por él, que no podías dejar de acompañarlo unos minutos más para acercarte a los asesinos de tu (perdón "su") familia. Te lanzabas de cabeza hacia habitaciones desconocidas (y seguramente repletas de drogadictos psicópatas) motivado por el dolor del protagonista, mientras creabas un infierno de balas a cámara lenta donde antes de tocar el suelo media docena de tipos caían muertos.

Y ahora llega la película. El resumen es simple. El homenaje al juego (y por tanto a los jugadores) llega en forma de escenarios claramente reconocibles, objetos y secundarios. Las formas están un poco trastocadas (por ejemplo, se han cambiado las "jeringuillas de drogatas" por frasquitos de brebaje azul de dudosa mortalidad), los personajes están entremezclados, y enseñan una "adicción" de Payne tardía, que ofrece MUY pocas escenas de acción reales, (prácticamente las del trailer) mientras se pierden en un montón de conversaciones que, a pesar de los esfuerzos, no llegan a apesadumbrar tanto cómo lo hacia el juego.
Marc Wahlberg no tiene cara de tipo desquiciado en ningún momento, solo pone cara de pena de "no tengo pa’comer dame argo". Aun así, es una pelicula "necesaria" para todos aquellos que disfrutaron de las dos entregas de Max Payne en su momento, mientras esperan la tercera parte que está en camino.