He aquí que, sin comerlo ni beberlo y tras darle una patada de indiferencia hace años a la única consola que tuve, la Master System II, me hayo hoy con una Nintendo Wii bajo el televisor, y una PlayStation3 disputándose el monitor de 22” con mi PC de 2.500€ que le mira de medio lado, receloso de estar siendo arrinconado en los momentos de ocio, después de tantísimos años ofreciendo toda clase de géneros y subgéneros (no sin bugs, no sin cuelgues, no sin requisitos mínimos exagerados, pero juegos informáticos al fin y al cabo).
Que los ordenadores van a quedarse como la opción alternativa de los sibaritas masoquistas que le encuentren el placer a sentir que su equipo nunca podrá mover un juego al 100%, parece una realidad; que las consolas tengan la capacidad inmediata de ofrecer tanto o más de lo que han ofrecido los PCs durante décadas, en cuanto a variedad de géneros e interfaces, aún está en duda.
El mundo de las videoconsolas como el medio masivo en el que se ha convertido, no deja de estar formado por un cúmulo de paradojas encadenadas; cómo que la industria eclosione precisamente por atraer a todos aquellos a los que no les importa un pimiento la mayoría de videojuegos (pero que se vuelven locos con el Brain Training o el Wii Fit), el nuevo retro online que no tiene ni el encanto ni la razón de ser de los viejos clásicos o, mi favorita, los sistemas de control.
Lo estamos viendo: Las compañías se están exprimiendo la sesera para ir amoldando los distintos géneros a las consolas, la mayoría nacidos en PCs y acostumbrados a las maravillosas 102 teclas, ratones y joysticks que han aportado un cúmulo de acciones cuasi infinitas al alcance de unos cuantos dedos.

Pero… ¿Qué pasa ahora con las consolas? Simplifican los juegos de estrategia para acceder a todas las opciones con el gamepad, las aventuras gráficas (salvo en las de Nintendo) son una utopía consolera. Por no hablar de los First Person Shooter y su infumable manejo para los que llevamos años apuntando con el ratón cómo un apéndice más de nuestra mano. La gran paradoja es: ¿Por qué te hacen comprar periféricos con forma de guitarra, micrófono, pulsadores de concurso televisivo o baterías musicales, y no tienen la decencia de hacer los FPS, RPGs, ETRs y demás que van saliendo en consolas, compatibles con un teclado y un ratón USB? (Hoy por hoy solo se le conoce tal compatibilidad al Unreal Tournament III). Incluso, por estar enfocado a entretenimiento de sofá, ya no hablamos de un ratón y teclado al uso, pero sí de algún periférico óptico (cómo el poco extendido FragFX) o algo cómo un trackball para la ocasión. Mientras no ocurra esto, cientos de miles de jugadores dejaremos pasar a los grandes del disparo y estrategia que vayan saliendo para consola, por incómodos y parcheados.
Gigantes compañías del ocio: compatibilidad estándar con ratón y teclado para géneros portados del PC ¡YA!
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